Tuesday, December 30, 2008

Eran los tiempos de verano.
De esos en que el sol no da tregua, de calor que derrite y donde las sombras son escasas.
Y ahí estaba Pedro. Llorando sobre su barquito de papel empapado, en un jardín rencoroso lleno de lavanda y rosas. Sin ningún roble paternal o acer sonriente.
Su mama no estaba, había salido. Estaba solo. Solo en angustia y tristeza: su barco, su único amigo de la tarde, naufragaba agonizando.
Y mientras pedro miraba desolado los restos de un navío que encallaba, yo figuraba despertando en la salida de vespucio sur hacia la ruta 5.
"¿¿Jefe, donde estamos??".
"Ruta 5 mijo".
"¿¡Y porque no doblo en santa rosa!?
".
"Porque llego hasta el 25 no mas".

Y me dije a mi mismo: "Oye mismo... ¿¿cual cresta es el 25??".
20 minutos caminando. 2 micros. metro. Recién para llegar a donde debería haber estado en primer lugar. Micro de nuevo y pasar matemáticas al fin.
Luego me encontré pensando en pedro, que estaría haciendo, en que estado estaría su barquito, si su mama habría llegado ya, y en su jardín rencoroso.
Pero pedro seguía junto a la piscina, llorando. Trataba de cerrar los ojos y sentir una brisa del mar, de un mar en primavera. Y en ese mar estaba con sus amigos, Alvaro y Tomas, y lo que el mas quería en el mundo: su perro Brego. Pero el no estaba allí, ni volvería a estar allí.
El sabia que su mama había salido con brego, con cara de desasosiego y lluvia. Lo que el no sabia es que cuando se hundió su barco, brego dejo de respirar el aspero aire de la clínica y yacía sobre una camilla metálica y fría. Inmóvil, con sus ojos grises. Dejando como herencia de despedida solo un collar rojo de huesitos y un plato vació.


Soundtrack:
Jorge Drexler - Ganas de Ti.